18.12.07

Obsesiones de los Usuarios de PC

LaNacion - Por lo general, uno no mira cómo hace las cosas. Por eso no se da cuenta de que tiene un menú de costumbres y, para qué negarlo, mañas de diversísimo pelaje. Los otros las notan, del mismo modo que uno nota las de los demás. Unos pocos nos lo señalan, de vez en cuando. Durante un par de días permanecemos conscientes de este rasgo caricaturesco y, si somos lo bastante sabios (eso llega con los años, aunque no siempre), nos reímos de nosotros mismos. Muy pronto, sin embargo, volvemos a poner esos hábitos en el altillo. Por suerte, supongo.

A esto se suma que, a partir de los 30, nos vamos volviendo automáticos. No nos queda otro remedio. Hemos repetido tantas veces la misma acción que o bien la convertimos en algo que no pensamos, o bien llegará el punto en que perderemos la razón. O alcanzaremos el Satori, no lo sé. ¿Puede acaso la mente seguir siendo consciente de una actividad que ha realizado, digamos, 40.000 veces, como cepillarse los dientes, sin cambiar de estado?

La forma en que sujetamos un libro al leer y el teléfono al conversar, la manera en que ponemos las manos en el volante al conducir, ese gesto que hacemos cuando algo nos irrita o nos preocupa. Guardamos las llaves siempre en el mismo bolsillo, y como hemos realizado esta acción decenas de miles de veces, ya no recordamos haberlo hecho esa mañana en particular, así que extendemos la mano para verificar que las llevamos encima. O quizás esta verificación sea una de mis muchas mañas, ya que vivo perdiendo todo.

Si algo consigna a la computadora como parte de nuestra vida cotidiana es que ya es objeto de nuestras mañas. No recuerdo ahora por qué, pero desde hace unos días empecé a observar la manera característica en que cada persona usa su sistema. Aquí van algunas cosas que he observado al prestar un poco de atención.

· Para despertar el monitor, que se ha apagado automáticamente, algunos sacuden el mouse enérgicamente, como si esta briosa pujanza cambiara en algo el resultado. Otros golpean la barra espaciadora, una o varias veces, con el índice, con el pulgar, con los cuatro dedos, hay mucha variación personal. Pero los que activan la pantalla con el mouse casi nunca usan el teclado, y viceversa.

· Uno puede saber cuánto hace que alguien utiliza computadoras con sólo mirar su barra de tareas. El usuario nuevo, habituado a los sistemas operativos multitarea y máquinas con toneladas de memoria, deja corriendo todas las aplicaciones que arrancó desde temprano en la mañana, aunque no las use. El que se formó con el DOS cierra cada programa que no va a seguir usando en lo inmediato, como si todavía tuviera una PC con 1 megabyte (megabyte, sí) de RAM.

· También se puede detectar al veterano porque en general usa el Enter del teclado numérico; al estar en el ángulo inferior derecho no hay posibilidad de equivocarse. El tacto alcanza para ubicar el botón.

· La máquina se cuelga, ¿qué hacemos? Control+Alt+Suprimir y aguardamos a que aparezca la ventana de opciones de Inicio de sesión. Pero, ¿cómo hacemos esto? Está el que aprieta Ctrl+Alt+Supr con furia y varias veces; el que lo hace con resignación; el que se lo saltea y va directamente a Reset, y así.

· El botón de Reset, si la estrategia anterior no camina, padece las mismas alternativas: se lo aprieta diez veces con bronca; una sola vez y como diciendo "Y van..."; graciosamente; de un toque maestro y experimentado, etcétera.

· Para señalar algo en la pantalla, ¿toca el cristal o no? Para mí, y para la vida útil de la pantalla, es una pésima idea. No obstante, es una maña informática ésa de tocar el cristal del monitor. Tanto como lo es el irritarse porque alguien lo haga... Lo de la vida útil del display es mi excusa para explicar esta maña; no tolero los que llenan la pantalla de huellas dactilares.

· Está el que pone todo en el Escritorio, atiborrándolo de documentos, ejecutables, carpetas, imágenes, videos, MP3, dispositivos, mensajes de correo, accesos directos y favoritos. Y está el del Desktop austero, al más puro estilo laboratorio de análisis bioquímicos o despacho de la CIA. Entre los primeros, existen quienes alinean los iconos prolija y obsesivamente y quienes los dejan así nomás, en caótico y dichoso desorden. Algunos de los segundos recurren, para quebrar su ominosa sobriedad, a los fondos de pantalla, que por sí mismos merecen una nota aparte. Otros, en cambio, ni siquiera.

· Otra, relacionada con el Escritorio. ¿Soporta dejar el tachito de basura lleno? Yo no, aunque sé que es absolutamente innecesario vaciarlo. De manual, lo admito.

· La esterilla para el ratón (mousepad) provoca cismas. Personalmente, no la tolero. Algunos ratones, como el que tengo en el diario, la requieren. Qué pesadilla. Es que el mousepad tiene vida propia. Se va, vuelve, rota y, lo que es peor, como todo en esta existencia, alguna vez se termina. Y suele hacerlo justo cuando uno iba a poner ese clic que le daba una vida más en el jueguito. El ratón trastabilla, el cursor se mueve sin control y todo se va al garete. Pero es una maña enraizada en otra que a su vez divide a las personas como River y Boca: no me gusta el mouse. Otros trabajan morosamente con el ratón. No sé cómo hacen.

· En todo caso, están los que no pueden usar la PC sin su esterilla y armarán un escándalo de opereta si esta vital pieza de hardware no está donde la dejaron. No me diga que eso no es una maña.

· Bueno, en todo caso, no es tan mala como la que tengo yo de volver a poner al derecho el mousepad (que tiene el logo del fabricante de la máquina) cuando termina patas para arriba de tanto ir y venir.

· Los filtros de pantalla también son pasto para el hábito inquebrantable y constituyen otra divisoria de aguas. Si me pone uno de esos cristales delante de la pantalla, me paralizo, no puedo usar la computadora. Aunque la Organización Mundial de la Salud me garantizara que viviré veinte años más por usar esos accesorios, los evitaría. Viceversa, conozco más de uno que sin el filtro temen quedarse ciegos en cuarenta segundos.

· Luego de poner un CD, ¿aprieta el botón para cerrar la bandeja o la empuja? En las películas de Hollywood el hacker usa el botoncito. Por favor.

· ¿Menú Abrir o arrastrar y soltar? Otro hábito que, una vez instalado, se hace inconsciente. Mi costumbre –seamos benévolos– es arrastrar los documentos y soltarlos sobre las aplicaciones. Queda claro que es algo irracional porque, contradictoriamente, evito el mouse todo lo que puedo. En mi caso, lo más lógico sería usar Archivo>Abrir ( Ctrl+A , en general). Así que es una típica maña. La podría defender diciendo que puedo arrastrar veinte documentos y abrirlos de una vez, pero esto no siempre funciona, así como no todas las aplicaciones soportan este método para la apertura de ficheros.

· El tamaño de la tipografía que usamos en la máquina es otro asunto tan personal como las huellas digitales. Yo aumento al máximo la resolución de pantalla y luego agrando la tipografía y uso iconos grandes. Tengo amigos que hacen lo mismo, pero usan tipografía pequeña. No sé como ven algo. Pero esa no es la cuestión. La cuestión es lo intransigentes que nos ponemos al respecto.

· ¿Apagar la máquina o dejarla encendida? Es cierto, la lógica indica que dejarlas andando extiende su vida útil. Pero en la mayoría de los casos (y me incluyo) se trata de una maña hecha y derecha. Si dejo mis máquinas siempre encendidas es porque pocas cosas me impacientan más que ver arrancar Windows, Linux, o lo que sea. Totalmente absurdo, no cabe duda. Tanto como apagar la computadora cuando ésta se puede poner por sí misma en modo de bajo consumo.

En fin, la lista podría seguir, pero les paso la posta. Que los comentarios se conviertan en un buen compilado de las nuevas mañas informáticas. Valen las de celulares, notebooks, cámaras y demás.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

¡Muchas gracias por dejar tu comentario!