18.1.07

Samsung K5, Un Reproductor MP3 Diferente

Hay quien opina que el anterior eslógan de Apple, Piensa diferente, estaba mal formulado gramaticalmente. Sea o no cierto, pensar de forma distinta contribuyó en buena parte al éxito del iPod. En cambio, sus rivales nunca se han tomado el lema en serio, y llevan cuatro años diseñando reproductores musicales de bolsillo que se parezcan al iPod tanto como sea posible. Los directivos de las firmas electrónicas parecen pensar "nos vamos a forrar: venderemos un reproductor igual que el iPod, pero será nuestro".

Lo malo es que no les funciona. Sumando todos los competidores del iPod, no consiguen más que arañar ligeramente su dominio del mercado. ¿Cuándo se le ocurrirá a alguien combatir la innovación con más innovación, es decir, pensar diferente?



El nuevo YP-K5 de Samsung adopta precisamente esta estrategia. Ciertamente, es un reproductor musical de la ganadería Microsoft (sólo para Windows). Es decir, no sirve para escuchar canciones compradas en la tienda en línea iTunes de Apple, pero sí las adquiridas en cualquiera de las tiendas PlaysForSure, como Rhapsody, Napster o Yahoo Music. (En ellas se pueden comprar canciones a dólar la pieza, o bien alquilar tantas canciones como se quiera por una cuota mensual de unos 15 dólares; cuando se deja de pagar, se pierde toda la colección).

El K5 cuesta 199 € en el modelo con 1 GB de memoria (capacidad para unas 250 canciones), 229 € en el de 2 GB (500 canciones) y 279 € en el de 4 GB (1.000 canciones). Eso vienen a ser 80 € más que los modelos equivalentes del iPod Nano. ¿Acaso se han vuelto locos en Samsung?

No, porque el K5 esconde todo un as en la manga: los altavoces incorporados.

Al sostenerlo en la mano, el K5 parece un iPod Nano negro de triple grosor (9,7 x 4,6 x 1,8 centímetros. Sin embargo, resulta que hay un motivo para que sea tan grueso: lo que parece una brillante chocolatina negra son en realidad dos tabletas, conectadas por una ingeniosa bisagra deslizante. Presionando el borde, las dos mitades se separan, y la mitad inferior, antes oculta, deja a la vista una rejilla de altavoz plateada. En este momento, la imagen de la pantalla del K5 gira 90 grados, para que se vea correctamente al dejar el equipo sobre la mesa.

En esta posición, parece un cruce entre portátil diminuto y radiocassette de juguete.

Y eso es precisamente lo que es ahora: un loro. Al desconectar los auriculares, la música se oye por los diminutos altavoces. La calidad de sonido de los dos conos de una pulgada no es exactamente la del Palacio de la Música. Los graves, sin ir más lejos, no harían vibrar ni el cartón de una casa de muñecas.

No obstante, son los mejores altavoces de una pulgada que he oído, mucho mejores que, sin ir más lejos, los teléfonos móviles con reproductor musical que tratan de hacernos pasar últimamente por equipos de audio. Disponen de bastante potencia para llenar una habitación con música de fondo, por ejemplo.

Tal vez se pregunten por qué esta idea de ponerle altavoces a un reproductor MP3. ¿No se basa el concepto del iPod en disponer de una burbuja sonora privada, en la que se escucha nuestra discoteca personal?

Ésa es la cuestión: de hecho, el K5 no responde al concepto del iPod. Se trata de algo muy diferente, de un equipo que remueve la definición de un reproductor MP3.

Cuanto más se utiliza el K5, más prácticos se revelan los altavoces. Naturalmente, son perfectos cuando queremos que nuestros amigos escuchen nuestra nueva canción favorita. Pero también son cómodos mientras trabajamos junto a una o varias personas: limpiando el garaje, preparando la cena o conduciendo. Es sorprendente volver a mantener conversaciones mientras se escucha música. (¡Pruébelo con unos auriculares puestos!)

El sistema de menús (Álbumes, Artistas, Canciones, etc) y los cuatro mandos dispuestos en círculo les serán familiares a los fans del iPod. Pero el K5 carece de botones propiamente dichos. Los mandos son zonas iluminadas en azul y sensibles al tacto, de la cristalina y totalmente lisa carátula. Junto al menú principal, cuyos iconos se transforman visualmente de uno en otro al recorrerlos, dichos botones iluminados proporcionan al K5 un aspecto futurista.

En cambio, lo que no hacen es facilitar mucho el manejo. Al no tener tacto de pulsación, hay que mirar el aparato siempre que se desea manipularlo. (Conozco a un estudiante capaz de encontrar una canción determinada sin mirar el iPod: cuenta los clics que suenan al girar el mando sin sacarlo del bolsillo). Además, los botones del K5 pueden llegar a ser temperamentales, y no especialmente rápidos para recorrer listas muy largas.

También molesta que el K5 tarde 10 segundos en ponerse en marcha, y que para encenderlo haya que accionar y mantener pulsado un conmutador deslizante lateral que va bastante duro.

Por otra parte, gracias a la incorporación de los altavoces, el K5 es capaz de despertarnos con música, algo que ningún otro reproductor musical compacto puede hacer, a menos que nos acostemos con los auriculares puestos.

El módulo de despertador es, como todo en este equipo, un poco complicado de utilizar, debido a los mandos no-táctiles. Pero es flexible: se puede programar una alarma para los días laborables, otra distinta para los fines de semana y una tercera que suene sólo una vez para recordarnos una reunión, por ejemplo.

Lleva incluso una función cabezadita (Snooze). A la hora fijada, el reproductor se pone en marcha y comienza a sonar nuestra canción preferida. (Para el extremo opuesto de nuestro ciclo diario de consciencia, dispone incluso de una función de apagado diferido, para dormirnos con música).

Para rematar el conjunto, Samsung también ha incluido una radio de FM. Sólo funciona cuando están enchufados los auriculares, ya que el cable de los mismos actúa como antena. (Aunque también se puede escuchar por los altavoces, ya que al abrirlos siempre se desactivan los auriculares).

Hablando de auriculares, éstos son raros de verdad. La parte que nos metemos dentro de la oreja es negra, de goma y de una forma que se ajusta al conducto auditivo. La intención es ocupar completamente el oído para lograr un mejor sonido, y funciona; con este reproductor se alcanzan niveles de volumen ensordecedores. Pero cada auricular lleva un extraño círculo metálico que sobresale de las orejas y puede provocar algún que otro comentario de los transeúntes.

Hay que decir que los auriculares incluidos proporcionan un sonido rico y con muchos graves, tal vez más de los que usted quiera. Y el K5 no dispone de ecualizador gráfico para mitigar dicho efecto.

El K5 también es capaz de chupar fotos del PC y mostrarlas en su diminuta pantalla de 1,7 pulgadas y 128x160 píxeles. No se ven especialmente claras, grandes ni brillantes (de hecho, el K5 no ofrece ningún ajuste del brillo de la pantalla) y no hay efectos de fundido ni panorámica; ni siquiera se puede especificar la velocidad del pase de diapositivas. Eso sí, es muy fácil activar un pase con música de fondo.

El K5 también tiene sus fallos. El nivel de volumen se sitúa a la mitad del recorrido cada vez que se abren los altavoces. La duración de la batería es excelente cuando se escucha con auriculares (30 horas), pero sólo alcanza las 6 horas con los altavoces. No se pueden crear listas de reproducción en el K5: hay que utilizar Windows Media Player o el programa equivalente suministrado por Samsung.

Por último, la superficie lisa, negra y brillante del K5 queda mancillada por las huellas dactilares antes de lo que uno tarda en decir "Igual que el iPod".

También conviene recordar que el K5 comparte un inconvenciente con la mayoría de los demás aspirantes a iPod: carece de un ecosistema propio. No existe un montón de sitios web repletos de adaptadores para coche, cargadores, fundas, emisores de FM, micrófonos, adaptadores para equipo de HiFi, mandos a distancia y otros accesorios compatibles. Y para ser un reproductor con memoria, es voluminoso. En otras palabras, no gustará a todo el mundo.

Por otra parte, el K5 tiene funciones que no ofrece ningún otro reproductor de bolsillo: imita a un radiocassette y a un despertador de viaje. Está claro que sus diseñadores han tratado de crear una interpretación propia del reproductor MP3. Pensando diferente, en general lo han logrado.

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